Todo
se corrompe. Un músico, un escritor, un cineasta, en determinado momento,
cuando nada parecía prefigurarlo, algo hace ‘crack’ y se produce una debacle;
aquella forma que parecía el reflejo de una personalidad y una manera única de
ver el mundo —el estilo— se quiebra. Por lo general, este cambio se produce a
peor. No siempre se pueden determinar los motivos. A menudo esto es debido a
que la rabia juvenil o la visceralidad de las primeras manifestaciones, en el terreno
que sea, se apagan, se enfría la lava primigenia, nace un hijo, uno se
aburguesa, se pierde, se vende (a una major, a una puta). O quizás, simplemente, que
el talento se agota. Los casos son incontables. Lo que empezó naciendo como un
deseo insobornable por expresar algo urgente, impostergable, muta en intereses
espurios: el amateur se
profesionaliza; antes le parecía bien viajar en autocar, ahora quiere conducir
un deportivo... La historia de siempre.
Pero
otras veces, en muy raras ocasiones, una forma perfecta, singular, se
transforma en otra, radicalmente distinta, pero perfecta también. Este es el
caso, en mi opinión, de la extraña mutación que sufrió uno de los grupos que
más me han fascinado y que me gustan sin paliativos: Slowdive. 1995: tras entregar Pygmalion con Creation, el sello donde
publicarían algunas de las canciones más bellas y estremecedoras de los 90, y
sin síntomas evidentes que preconizaran lo que iba a suceder, se transmutaron
en Mojave 3, grabando su primer LP,
sin singles previos, Ask Me
Tomorrow para 4AD. ¿Cómo pudo suceder algo así? Rastreando en
las semblanzas y biografías diseminadas por Internet no se saca nada en claro.
Pero los hechos coinciden: al parecer, el fracaso comercial de Pygmalion, donde Slowdive llevaría el shoegaze hasta límites insospechados, firmando,
de paso, su acta de defunción, provocó que Creation defenestrara a una de las
bandas más inspiradas de su roster.
Otras versiones ponen el acento en el agotamiento de la banda: disensiones
insalvables entre sus miembros provocaron la inevitable ruptura. Sea como fuere, el núcleo duro de
Slowidve, Neil Hastead y Rachel Goswell, y el batería Ian McCutcheon, el mismo
año en que publicaron la que para mí es su obra maestra, incluso superior a la
colosal Souvlaki, se reorganizaron para formar Mojave 3.
Insisto, todo esto ocurría el mismo año, 1995 (Pygmalion se publicó el 6 de febrero; Ask Me Tomorrow, el 16 de octubre). Junto a Christopher
Andrews (piano), que más tarde se casaría con Rachel Goswell; Audrey Riley (chelo), y el
guitarrista Simon Rowe (otro tránsfuga del shoegaze: salió de Chapterhouse, que compuso
uno de mis temas preferidos y que B., el principal responsable de este insano
blog, me grabó hace muchos años en una casete: Breather, del LP Whirlpool), abandonaron los pedales, las capas de
sonido, la languidez y el flequillo por una slide guitar, un sombrero de cowboy y una tabla de surf. ¿Era oportunismo comercial, tentados
por 4AD, que quiso especular con el talento de la banda operando lo que en marketing se conoce como rebranding? No parece ser esta la explicación.
Mojave 3 no suenan impostados. Una explicación plausible quizás sea el talento
sobrenatural para componer canciones de Neil Hastead que, tras el éxtasis
místico de Pygmalion,
quiso navegar por aguas menos tortuosas: de la inmersión por las profundas
simas abisales a la intemperie ultra-luminosa del desierto de Mojave. Tiene
sentido. No hay lugar para la nostalgia después de tan extraordinaria
transformación. O quizás sí, pues nunca escucharemos cómo podría haber sonado
la versión de Fourth of July
que, justo antes de la mutación, Slowdive tenía previsto grabar para el álbum-tributo
a Galaxie 500 que Elefant Records preparaba.
Si
nos atenemos a las portadas de los dos discos, el último disco de Slowdive y el
primero de Mojave 3, la mutación es total:
Sin
embargo, si comparamos los inserts,
tal transformación parece, por el contrario, una continuidad:
Hoy
proponemos un experimento: tratar de registrar el instante mismo de una
mutación: el momento preciso en que un sonido, una forma, se transforma en
otra. Para ello, hemos grabado y fundido en un lento cross-fade el último tema de Slowdive —el que
cerraba su álbum Pygmalion—
con el primero de su primer disco como Mojave 3 —el que abría Ask Me
Tomorrow. Registrar,
pues, la extraordinaria mutación que se produjo de All Of Us a Love Songs On The Radio en la que Neil Hastead y Rachel Goswell
se dan la mano desde los dos extremos del paraíso:
Mutación, aquí
Para mí sigue siendo un misterio
inescrutable cómo una banda grandiosa como Slowdive mutó en Mojave 3. Pero, más
allá de explicaciones siempre frustrantes o poco esclarecedoras, al final lo
que quedan son las canciones. De una belleza insuperable, sobrecogedora.
































